El oro gana peso en las reservas de América Latina

2026-08-25 17:53:30 - MUNDO

Treinta y una toneladas de oro venezolano descansan desde hace casi ocho años en las bóvedas del Banco de Inglaterra. Ahora, Gobierno y sectores de la oposición venezolana coinciden en reclamarlas para financiar la reconstrucción tras los devastadores terremotos del 24 de junio de 2026. El metal está valorado actualmente en unos 4.000 millones de dólares.

El caso ilustra de forma excepcional qué significa para un Estado disponer -o no- de sus reservas. El oro no sirve únicamente como protección frente a una crisis: puede venderse para conseguir divisas, utilizarse como garantía y, a diferencia de bonos o depósitos, no representa una deuda de otro país. Pero Venezuela muestra también un riesgo: cuando se almacena en el extranjero, el acceso puede quedar condicionado por decisiones políticas o judiciales.

Los bancos centrales mantienen reservas para poder hacer frente a pagos externos, intervenir en los mercados o disponer de activos líquidos en situaciones de crisis. El oro combina varias características apreciadas para esa función: es un activo reconocido mundialmente, tiene un mercado muy líquido y puede diversificar una cartera compuesta principalmente por monedas y bonos.

"El oro es una reserva de valor y una cobertura frente a la inflación y el riesgo geopolítico", explica a DW Gian Maria Milesi-Ferretti, investigador sénior del centro Brookings y exsubdirector del Departamento de Investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI). "Su valor tiende a aumentar en tiempos de crisis".

Pero no todos los bancos centrales necesitan la misma cantidad. El oro no produce intereses y su precio fluctúa considerablemente. Milesi-Ferretti subraya además que una subida del valor de las reservas no significa necesariamente que un país haya comprado más metal: el fuerte encarecimiento del oro ha elevado automáticamente su peso en las carteras. México, por ejemplo, realizó una gran compra en 2011 y desde 2012 mantiene prácticamente constante su volumen.

Según los últimos datos recopilados por el World Gold Council (WGC), Brasil figura actualmente a la cabeza de América Latina con unas 172 toneladas. Le siguen Venezuela, con 161 toneladas en su último dato oficial disponible; México, con unas 120; Argentina, con cerca de 62; Perú, con 35, y Ecuador, con unas 26. Bolivia ronda las 23 toneladas y Guatemala las 16. Más atrás aparecen Chile y Paraguay, con alrededor de ocho toneladas cada uno, y Colombia, con menos de cinco. Los datos del WGC se basan principalmente en las estadísticas del FMI y de los propios bancos centrales.

Las diferencias regionales no responden a una regla sencilla. "No creo que haya una explicación obvia", señala Milesi-Ferretti. "En parte, la diferencia es simplemente un legado", es decir, algunos países ya disponían de reservas históricas y otros comenzaron a acumularlas en determinados momentos. Brasil, por ejemplo, incrementó sus compras después de la pandemia. La inflación y las expectativas de una subida del precio pudieron contribuir a esa decisión.

La distancia respecto de los grandes tenedores mundiales es enorme. Estados Unidos conserva más de 8.000 toneladas. Alemania, Italia y Francia mantienen asimismo vastas reservas históricas. China posee unas 2.330 toneladas y Rusia alrededor de 2.290. Milesi-Ferretti recuerda que las economías avanzadas siguen dominando la clasificación porque acumularon grandes cantidades durante la época en que el oro desempeñaba un papel central en el sistema monetario internacional.

La dinámica de las últimas décadas, sin embargo, es diferente. "Desde 2000, prácticamente todas las compras han procedido de mercados emergentes", explica el economista. "Claramente existe una tendencia de los bancos centrales a comprar más oro, pero está concentrada en las economías emergentes".

Esa tendencia se ha acelerado. Los bancos centrales compraron en promedio unas 1.000 toneladas anuales durante los últimos cuatro años, frente a unas 500 toneladas anuales durante la década anterior, según el WGC. Tras un primer trimestre débil en 2026, las compras netas mundiales alcanzaron 289 toneladas en el segundo trimestre.

Polonia encabeza las compras declaradas de 2026 con 82 toneladas hasta junio, seguida de Uzbekistán, con 41, China, con 40, y Kazajistán, con 27. Turquía y Rusia, por el contrario, han vendido parte de sus existencias este año.

América Latina empieza a participar en este movimiento. En 2026, Chile ha incorporado unas ocho toneladas, Guatemala dos y Bolivia y Uruguay alrededor de una tonelada cada uno. El WGC considera todavía prematuro hablar de una tendencia regional.

Brasil había aumentado sus tenencias con fuerza anteriormente. Para Milesi-Ferretti, no existe una única explicación para las compras mundiales: "La incertidumbre geopolítica claramente desempeña un papel. También la diversificación frente al dólar y otras monedas de reserva y, ciertamente, la preocupación por las sanciones". Pero advierte que las motivaciones varían considerablemente de un país a otro.

La encuesta de 2026 del WGC apunta en la misma dirección: el 89 por ciento de los gestores de reservas consultados espera que las tenencias mundiales de oro de los bancos centrales aumenten durante los próximos doce meses y un 45 por ciento prevé incrementarlas en su propia institución. Entre los principales motivos aparecen el comportamiento del oro durante las crisis, su capacidad para conservar valor a largo plazo y la diversificación de las reservas.

Tener oro no significa necesariamente tener los lingotes en casa. Londres ha sido durante décadas uno de los principales centros de custodia. El Banco de Inglaterra almacena unas 400.000 barras para el Gobierno británico, otros Estados, bancos centrales e instituciones financieras.

La razón es fundamentalmente práctica. "La cuestión de la ubicación tiene que ver con la facilidad para negociar el oro", explica Milesi-Ferretti. Si un banco central necesita vender rápidamente, "es más conveniente tenerlo en un gran centro financiero como Londres o Nueva York". El Banco de Inglaterra permite además transferir la propiedad de barras concretas entre clientes sin necesidad de moverlas físicamente dentro de las bóvedas.

Pero la guerra de Ucrania, las sanciones internacionales y casos como el venezolano han puesto el foco sobre el reverso de esa ventaja. Milesi-Ferretti señala que existe evidencia de países que están repatriando parte de sus reservas por "la preocupación de que puedan ser congeladas o incautadas". Los datos disponibles son incompletos, advierte, pero los volúmenes mantenidos en los grandes centros internacionales han disminuido.

Venezuela resume así las dos caras de una reserva de oro: 31 toneladas situadas en uno de los mercados más líquidos del mundo y, al mismo tiempo, fuera del alcance de su propietario durante años. La utilidad del oro como reserva depende no solo de cuánto se posee, sino también de la posibilidad de disponer de él cuando se necesita.

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(ms)

Fuente: google.com